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Destino / Ficha de destino

Producto : Polinesia Francesa - Las Marquesas - Destino turistico

Las Marquesas

Presentación:

El archipiélago de las Marquesas es un conjunto de islas también abruptas, cercanas al ecuator, con montañas escarpadas pobladas de caballos, de cabras y de cerdos.

Se dice que uno nunca acude a las Marquesas por casualidad. Estas fortalezas de rocas que surgen en medio del Gran Océano se encuentran lejos de todo y cautivan por su carácter diferente. Esta no es la Polinesia de las lagunas, pero cada una de sus islas exhala otra fragancia, otra belleza, poderosa, profunda y primitiva. Esta osmosis original e inalienable entre la Tierra y los Hombres se encuentra en el origen del prestigioso atributo que caracteriza a los márquesenos, quienes bautizaron a sus islas La Tierra de los Hombres Te Henua Enana. Visceralmente apegados a su identidad cultural de origen así como a su patrimonio fuera de lo común, este atributo late, sin descanso, en el corazón de las mujeres y hombres de las Marquesas, a imagen del sonido constante y grave de los grandes tambores de pies. Estos últimos dicen las palabras mágicas, mana, que fundamentan la existencia de los márquesenos y dejan grabados por siempre en el alma del visitante unos estados de ánimo, unas impresiones y sensaciones tan imborrables como pueden ser las marcas de un tatuaje.

Las islas Marquesas no se descubren, seducen, se meten en la piel y acompañan al visitante para siempre. Los más grandes, Paul Gauguin, Pierre Loti, Victor Segalen, Herman Melville, Robert Louis Stevenson o Jacques Brel, todo ellos trataron, a través de su arte y con un fervor apasionado, de expresar esta belleza original y magnífica, esta fuerza primitiva y magnética y esta huella misteriosa e imperceptible que penetra por los poros, impregna el alma en esta Tierra de los Hombres, por la eternidad.

En Noku Hiva, un paisaje increíble en versión 3D.Las profundas bahías de Anaho o de Hatiheu extienden sus largos brazos peninsulares para abrazarle e invitarle bajo el manto exuberante de sus valles fértiles. En uno de ellos, Hakaui, la constelación de perlas de agua de la catarata Vaipo cae desde una altura de 350 m, en unos acantilados vertiginosos. Recogidas en una poza de basalto negro, forman un spa natural que ofrece un bienestar intemporal. Esta isla preservada alberga unos impresionantes yacimientos arqueológicos, como el tohua de Koueva en Taiohae, lugar restaurado y protegido, donde misteriosos petroglifos dibujos grabados en la piedra son revelados a los puros de corazón.En Taipivai, el yacimiento arqueológico de Vai tavii es el único de la isla que cuenta con tantos tiki. Estos receptáculos de vida y de muerte, de palabras profundas y sagradas, le hipnotizarán con sus inmensos ojos sin fondo.

Humildad, es la palabra adecuada y el estado de ánimo que se impone al acercarse a Ua Pou y sus pitones rocosos, guerreros gigantes de los tiempos míticos, invencibles, que velan sobre esta isla santuario. Sin embargo, se dejan conquistar y admirar amistosamente, siempre que se muestre respetuoso por el visitante escalador o el senderista a través del magnífico recorrido por la línea de cresta. Hakahetau, la bahía donde uno se posa tau, ofrece a los veleros de paso un lugar de fondeo apacible. Los locales reservan una bienvenida generosa, que se traduce en compartir de forma espontánea, sin esperar nada a cambio. Esta bondad natural, los artesanos de Ua Pou la aplican en la piedra que florece, la graban en la madera de miro falsa madera de rosa de Oceanía y la colocan con delicadeza en el corazón del visitante.

Salvaje, virgen y misteriosa, la belleza de Ua Huja se explora. A caballo, a lo largo de los acantilados vertiginosos esculpidos por el viento y el oleaje o en la hermosa playa protegida de la bahía de Hatuana. A pulmón libre, durante unos instantes, para acceder a una caverna y descubrir con sus propios ojos el misterio de la cueva de los pasos de la punta Tekehu que todavía no ha revelado su secreto. Déjese guiar por un anciano y camine tras los lugares de culto ancestrales, como el meae Meiaute, donde el aire está cargado de mana por unas extrañas esculturas con rasgos extraterrestres, como llegadas de otra galaxia…

Lo sensacional alcanza su apogeo en Hiva Oa. Gigantesca y monumental son los adjetivos que mejor la definen. El yacimiento de lipona en Puamau alberga el Takaii, el mayor tiki de Polinesia. En Taaoa, bajo el manto de una vegetación densa y exuberante donde destacan los banianos, los castañoss tahitianos y los mirobálanos gigantes, se extiende en cerca de 12 hectáreas un inmenso complejo sociocultural y religioso, cubierto de vestigios como un tiki, petroglifos, diversas estructuras imponentes y bajorrelieves. Protegido por las crestas espectaculares del monte Temetiu, el cementerio florido del Calvario es la última morada de dos gigantes del arte, Paul Gauguin y Jacques Brel. Ambos abandonaron la civilización para establecerse en las islas Marquesas, el primero para disfrutar de la vida salvaje y el segundo para no sufrir el invierno y la muerte.

En un decorado fascinante de catedral natural donde ningún adjetivo puede describir la intensidad de los colores crepusculares, la Bahía de las Vírgenes, la más bella del mundo, como escribió Robert Louis Stevenson, ofrece un aterrizaje inolvidable y privilegiado a los navegantes, que en su mayoría llegan directamente de las islas Galápagos. La isla de Fatu Hiva exhala la pureza bruta y la fragancia auténtica de la isla virgen. El silencio de la noche, mineral y lunar, es roto al amanecer por el vareo del tapa, el más apreciado de la Polinesia Francesa por su finura. Al remontar las impresionantes laderas escarpadas que conducen al pueblo de Hanavave, el aire se llena del olor suave y dulce de los ramilletes de kumu hei que decoran la cabellera brillante de las mujeres. Se dice que actúa como un filtro de amor al cual nadie puede resistirse...